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Equipo iBaloo

el 12/11/2008

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hasta 1 año

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Los berrinches en los niños

(En Consejos entre padres)

Opinión del autor

por Equipo iBaloo

Los berrinches forman parte del proceso de maduración psíquica del niño

 

El castigo debe ser empleado para mejorar la conducta del niño

 

Los berrinches que tienen los niños pequeños se producen generalmente cuando reciben un no por respuesta aunque, en ocasiones, se deben a una negativa suya a alguna petición del adulto. Alrededor de los dos años son frecuentes estas reacciones porque forman parte del proceso de maduración psíquica. Durante este periodo, los niños sufren repentinos cambios de humor y resultan muy difíciles de manejar.

 

El niño está tratando de ser él mismo y, aunque termine aceptando lo que le dicen los mayores, necesita oponerse para afirmar su independencia. Por un lado, quiere hacer todo solo y al mismo tiempo nos necesita para estar protegido y siente que pone en peligro el amor de los padres con su actitud negativa. Por ello, no son convenientes las amenazas de dejar de quererlo, debemos mantener la calma.

 

La rabia ante la prohibición

 

Para los padres es difícil soportar esta necesidad de autonomía del hijo porque antes no mostraba quejas ante las demandas, sobre todo, las de la madre. Pero a los dos años empieza su etapa de crecimiento y decir “no”, aunque luego su repuesta sea positiva, le hace sentirse autónomo, para hacer ver a los adultos que él tiene la última palabra.

 

En este período del “no”, el niño se siente una persona distinta del resto de los adultos gracias a su mejora en el lenguaje y el aumento de su capacidad motriz. Aún no conoce los riesgos del mundo de los adultos ni su percepción ante las cosas y, por ello, sufre la prohibición y responde con rabia. Hay que respetar esta etapa y no contrariar al pequeño. Esto no significa hacer lo que el niño quiera sino calmarle con palabras que le tranquilicen.

 

El castigo como mejora en la conducta

 

Cuando los padres castigan mediante violencia física o verbal se convierten para el niño en modelos de conductas agresivas. Si el niño vive rodeado de modelos agresivos, estará adquiriendo el hábito de responder de esa misma manera a las situaciones conflictivas, es decir, va adquiriendo también comportamientos agresivos.

 

El castigo no debe depender de nuestro estado de ánimo sino que debe ser utilizado de una manera racional para mejorar la conducta del niño y poder controlarle. No se debe aplicar un castigo con gritos porque esto indica que nuestro comportamiento es negativo.

 

Si enseñamos a los niños que para resolver una situación conflictiva es necesario gritar, a la larga provocaremos una conducta no aceptable en el pequeño y no avanzaremos. Se  debe escuchar al niño a la hora de aplicar un castigo pero no aceptar excusas o promesas por su parte en relación a la agresión. El niño debe saber que no se debe hacer daño a los demás y que por eso será castigado.

 

 

Respuestas emocionales ante el castigo

 

El niño debe estar avisado de una forma firme antes de aplicar el castigo. El castigo debe ejercerse desde el principio sin esperar a que sea demasiado tarde y sin requerir tiempo ni molestias por parte de la persona que lo emplea.

 

Tanto el tipo como el modo de castigo no pueden provocar fuertes respuestas emocionales en el niño castigado. Al mismo tiempo que se castiga, se deben reforzar buenas conductas que harán que el niño reflexione sobre lo que ha hecho para estar castigado. Además, cuando el niño es mayor hay que ayudarlo a desarrollar sus habilidades de autocontrol.

 

Patricia Ramos Rubio

 

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