1. En una cubitera vacía, pon un caramelo en cada hueco. Los de frutas son los mejores para esto.
2. Rellena con agua y déjalo en el congelador unas cinco horas.
3. Desmóldalos y verás que el caramelo, que era sólido, se ha deshecho y el agua, que era líquida, se ha vuelto sólida y ha engordado un poquito. Ahora sólo tienes que decidir si chuparlo como un polo o echarlo en tu refresco favorito. Si congelas el agua en un vaso, podrás comprobar que, cuando se hace hielo, su tamaño aumenta.
Este experimento ha sido extraído del libro "Ciencia Divertida", de Pilar G. Valentín e ilustraciones de Isabel Cebolla, Editorial Imaginarium.